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Sáb, Jun

Alcalde Rodrigo Valdivia entregó reconocimiento a estudiante ganadora del concurso Literario Nacional FUCOA 2017

Educacion

Se trata de la Estudiante Yasna Rayenpán Trecanao de 4° Año Medio B. Técnico Profesional en Atención de Párvulos, que logró un importante reconocimiento por su maravillosa Obra Literaria. Este cuento lleva por nombre "Muñeca de trapo", Concurso Literario Organizado por la encargada de la Biblioteca del C.E.F.S. Marisela Martínez Bustos y profesoras de Lenguaje, obteniendo el primer lugar del Concurso “Fernando Santiván”, realizado en el Centro Educativo.

En  dependencia de la biblioteca CRA  del Centro Educativo Fernando Santiván, se realizó la actividad para homenajear a la  alumna de este Centro Educativo  Yasna Rayenpan Trecanao por haber obtenido este importante premio literario en el  destacado concurso Nacional FUCOA obteniendo el segundo lugar regional, de un concurso nacional que organiza el ministerio de agricultura en historias campesinas.

Fue en este sentido que el propio alcalde de la comuna Rodrigo Valdivia, decidió premiar a esta alumna en dependencias de la alcaldía, Yasna Rayenpan recibió de manos del Jefe Comunal un galvano de reconocimiento por este importante logro obtenido, sin dejar de incentivar a la alumna a seguir creyendo en sus capacidades literarias e incentivar a otros niños y jóvenes a escribir.

El establecimiento perteneciente a la Corporación Municipal de Panguipulli se siente orgulloso por este triunfo ya que una de sus alumnas sobresale a nivel regional en este importante concurso Literario.

Hace 21 años el Ministerio de Agricultura, a través de Fucoa, organiza el concurso literario “Historias de nuestra tierra”, cuyo objetivo es rescatar la riqueza de las tradiciones orales del mundo rural chileno.

A continuación el Cuento Literario Ganador:

                                            Muñeca de trapo

Nos levantamos y hacía un frío enorme, mi mami se dedicó a lavar lana toda esa mañana y mi papi salió con la moto sierra a cortar leña, de esa de hualle verde, que hacía lagrimear mis ojos. Nunca antes había sentido un frío tan grande. Mis patitas estaban rojas y mis manos para qué decir. Mi hermanito estaba más entumido que yo y medio enfermo. Él le ayudaba a mi papi a botar el árbol mientras yo jugaba con  mi muñeca de trapo que me había hecho mi mami.

Yo miraba a mi mami cómo lavaba lana en el agua que corría por el lado de la casa, la veía como sufría con cada gota de agua que caía  en sus pies congelados y descalzos que traía, pero ella no se inmutaba, ya que la lana que lavaba era para poder hilarla y convertirla en chombas y calcetines bien bonitos que ella nos hacía para poder estar calentitos y soportar esas grandes nevazones que poco a poco se hacían más frías.

Mientras mi papi trozaba el árbol en palos chiquititos para poder echarlos al fuego mi mami por fin salió del agua aterida de frío y con un montón de lana blanquita. Le ayudé a colgarla y entramos a la casa, porque iba a cocinar. Después  llego mi papi con leña y mi hermanito le seguía de más atrás, echaron leña al fuego e inmediatamente el calorcito de las llamas temperó la casita humilde y ahumada donde vivíamos. Salimos al patio con mi mami a agarrar un pollo de esos grandes y ricos para echar a la olla, comenzamos a llamarlos:

- Tiki -tiki -tiki – tiki, les gritaba mi mami, y yo les regaba trigo para que se acercaran y pudiéramos agarrar uno de ellos.

Agarramos el más bonito que había. Mi mama le cortó la cabeza de un machetazo al pobre pollito, que más tarde se convertiría en una rica cazuela. Luego, en una olla de agua hervida que teníamos en la cocina echamos el pollo para poder sacarles las plumas.

Después de todos estos preparativos, por fin estaba lista la cazuela que mi mami había preparado. Mi papi puso las cucharas y sirvió los platos que se veían muy ricos y salía ese vaporcito sabroso con olor a cariño de mamá. Yo y mi hermano pusimos las inmensas ganas de comer. Al rato nos fuimos a acostar. De pronto afuera sopló un viento fuerte y comenzó a granizar. Sonaba el techo donde caían esas tremendas bolitas de hielo, más tarde llovió con más fuerza y se desprendió una lata de zinc que estaba mal puesta y comenzó a azotarse contra las tablas. Mi papi se subió al techo y comenzó a martillar sin conseguir ningún resultado. Mi mami, que también había subido al techo, le ayudaba a clavar. De pronto un miedo inmenso se apoderó de mi corazón, fue como un presentimiento, o un mal augurio, y sentí una gran tristeza, y unas ganas de llorar, era algo jamás experimentado, sentí como mi papi llamaba a mi hermano, el cual, sin pensarlo dos veces salió corriendo a socorrerlo, luego oí cómo lloraban y gritaban de dolor, yo miraba a mi alrededor y no entendía nada, me levanté con mi muñeca de trapo y comencé a caminar hacia afuera, la lluvia caía y parecía partir la tierra con cada gota que tocaba el suelo, sentía como la lluvia, poco a poco, empapaba mi cuerpo y las ropas que mi mami me había hecho con tanto cariño. Me acerque y cerré los ojos, las lágrimas corrían por mi cara mezclándose con la lluvia, los volví a abrir y vi cómo el viento se alejaba por el bosque, pasaba por los inmensos y frondosos árboles y dejaba una gota de lluvia en cada hoja que había en su camino. La lluvia cesó y miré el suelo donde estaba mi mami, se veía helada, mojada, inerme, con los ojos cerrados. Se había ido, se la había llevado el viento. La lluvia nos la había arrebatado y nos había dejado a nosotros desamparados, nosotros que éramos su vida y su adoración.

Lloré hasta más no poder. Al despedirme de ella para siempre le di mi muñeca de trapo para que la acompañara, para que no se olvidara nunca de mí, estuviera donde estuviera. Entendí que la próxima vez que hubiera un temporal preferiría que se mojaran las cosas y se apagara el fuego a que mi papi se subiera a arreglar el techo, porque no quería que el viento ni la lluvia se lo llevara a él también.

Mi nombre es Rosa y tengo treinta años. Ahora soy yo la que prepara las cazuelas a mi marido. Tengo un hijo fuerte y sano que crece día adía. Contar esta historia estremece mi alma y rompe mi corazón. Siempre que se avecina un temporal recuerdo a mi madre buena y abnegada.

Éramos cuatro,  mi hermano se fue a la ciudad y formó una familia, sé que es feliz. Mi papi siguió a mamá tiempo después que me casé, se reunió con ella en el cielo, desde ahí ven todo, ven como el viento mece los árboles, como la lluvia se lleva mis tristezas, como el sol trae la misma alegría que sentía cuando jugaba en el patio mientras mamá trabajaba en la huerta y papá y mi hermano reparaban el techo de nuestro hogar. Soy una mujer orgullosa de su origen y de la vida que le tocó vivir. Vengo de allá, del clarito del bosque, de aquella casita humilde y ahumada donde jugaba una niña con su muñeca de trapo.

Autor: Yasna Rayenpán Trecanao  4°medio B. Técnico profesional párvulos. C. E.F.S

Cuento Ganador del concurso “Fernando Santiván” realizado en nuestro Centro Educativo. Premiado 4 de  julio 2016 en actividad conversatorio “vida y obra del escritor Fernando Santiván.

Cuento ganador  2° lugar Concurso Nacional Fucoa y el Ministerio de Agricultura “Historias de nuestra tierra“, Región de los Ríos año 2017.

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